CAPÍTULO 44: RESCATE INESPERADO
Golpeo la puerta del baño con todas mis fuerzas, mis nudillos ya están enrojecidos y adoloridos. He perdido la cuenta de cuántas veces he gritado por ayuda, pero el silencio del pasillo me responde con una indiferencia aterradora. Mi teléfono, que debería ser mi salvación, está muerto. Sin poder llamar a nadie, ni siquiera a migraciones para explicar mi situación, la desesperación comienza a apoderarse de mí.
—¡Por favor, alguien! —grito, mi voz sale quebrada por