Liliana tenía mucho miedo, pero se defendería con uñas y dientes, antes de que ese hombre la lastimara, ella no lo iba a permitir, sobrevivir era su única lucha.
—¡Maldita! Me has herido, voy a matarte, arpía.
Los gritos y llanto de Carlitos resonaban por la casa.
Minerva intentaba calmarlo, pero el niño no se contenía.
Cuando Demian bajó y escuchó ese llanto supo que Carlitos estaba ahí, Liliana también, tocó a la puerta
—¡Abran!
—¿Papito Demian? —exclamó el pequeño al reconocer el sonido de su