Hael Moore.
—¡No!
Mis rugidos atravesaron el espacio, expandiéndose en oleadas densas y poderosas.
El fuerte impacto hizo temblar el suelo bajo mis pies.
La tierra se convulsionó durante una fracción de segundo.
La rabia recorrió mis nervios. Cruda. Mortal. Sangrienta. Cegadora.
Mis ojos ardían rojos como magma. Se clavaron en el pulso tembloroso de ese bastardo.
En ese momento, no solo quería aplastarle el cráneo entre mis garras. Quería su sangre. Su alma.
Quería acabar con su vida de la form