Lo enfrenté sorprendida. Fue su turno de alzar las cejas, llevándose otro bocado a la boca.
—¿Quitarte la empresa? —repetí en un soplo—. ¿Cómo podría hacer algo así?
Sal se tomó un momento para masticar y deglutir antes de responder.
—Cuando me hizo el préstamo, la única garantía que podía ofrecerle era darle acciones de la empresa a cambio. Las tomó a precio de mercado de ese momento, y estipuló que sólo podría recuperarlas si las compraba al doble del precio de mercado a la fecha de la transa