—Aquí está todo lo que me pidió, señorita Idalia.
—Vaya, que fresco se ven todos estos ingredientes. Muchas gracias. —Con una sonrisa plantada en mis labios, agradecí a esa mujer. Ella encantada por el halago solo me devolvió la sonrisa, haciendo una pequeña reverencia. —Pero aún me falta algo.
—Oh… ¿En serio? ¿Qué hace falta?
—El reino es poseedor de muchas frutas que en mi vida he visto. Quisiera al menos una de ellas para mis postres. —Poco a poco los ingredientes fueron acomodados sobre la