Sin dar tregua a que el desconocido hombre pueda seguir hablando, me di la vuelta y volví a la cocina.
Su llegada fue tan rara como su abvertencia, un hecho que no género ni la más mínima pizca de confianza hacia su persona.
Y el hecho de que este gritando mi nombre de forma tan continua y con tanta insistencia solo me llevo a avanzar con mayor rapidez hacia la cocina, dispuesta a encerrarme en ese lugar por el resto del día o al menos hasta que ese hombre se vaya.
—Tendre que abvertir a Moyra