Cuando Simon entró silenciosamente a la cabaña, notó a Jackie durmiendo a sus anchas. "Debe ser el perro más dormilón del mundo", pensó mientras pasaba a la habitación. Emma estaba en pijama, mirando por el ventanal del balcón el gran paisaje plateado que brindaba la luna. Simon comenzó a sacar el cobertor de la cama.
—¿Qué haces? —preguntó Emma, extrañada.
—No dormiré con el cubrecamas que usó Mario —continuó Simon, sacándolo y tirándolo al suelo—. Este sucio, ¿quién sabe dónde ha estado?
Emma