Hardin
Mantuve mis ojos fijos en la pantalla, mientras seguía escuchando las informaciones por teléfono. Por fuera, no había ninguna demostración de flaqueza o tristeza, pero por dentro sentía ganas de quebrar la sala entera. Cuando finalmente colgué el teléfono, marqué para mi asistente.
– Señorita Clarke.
– ¿Señor? – Su voz sonaba irritante por primera vez. Nunca me
había ocurrido lo mucho que me gustaba oírla antes.
– Venga a mi sala inmediatamente. ¡Ahora!
Esperé por cerca de cuarenta segun