Los niños están arriba.
Maila
– Todos ellos... – Dijo Eliot.
Sentí mi pecho ardiendo. No quería. No podía hacerle eso a ella. La forma en que Livy me miraba me dolía. Ahora estaba enojada. No me gustaba que me miraran así. Mi padre me miraba de la misma manera. Era como un perro sin dueño que mordía a las personas que intentaban acariciarme y cuidarme. Así era exactamente mi vida.
– Como quieras. Pero, Eliot, tienes que prometerme que vamos a estar juntos para siempre después de esto. Cuando termine, no voy a poder vo