No tienes que ir...
Hardin Holloway
Aún no había decidido si estaba más cabreado, porque ella me mintiera o porque ahora estuviera desnuda delante de cinco hombres.
Encaré a aquel imbécil y no me importaba que fuera el presidente. Podía ser el papa y aún le partiría la cara con la misma intensidad.
– Entonces tú también me estás engañando... Es bueno saber que eres una zorra, Clarke.
Sentía que ella tenía la cabeza enterrada en mi espalda. Sus manos sujetaban mi abdomen mientras me abrazaba cada vez más fuerte. Ta