Dónde voy a dormir.
Livy
—¡Te entrometiste, chica!
—Tenía que ir a trabajar. No quise despertarte —Él me estaba abrazando, pero yo no conseguía despegar los ojos de mi jefe.
Él estaba tan extraño, y yo podía jurar que estaba a punto de besarme. ¿Por qué intentaría hacer eso?
—¿Estás bien?
—¡Ella está bien! —Dijo Hardin. Tenía las manos metidas en los bolsillos y nos estaba encarando con un semblante tan serio. Aquello, sí, no pareció extraño.
—Lo siento. Juan ya se va.
—Estupendo. Voy a llevarte a la cama, Livy...