Hardin
Ya había anochecido cuando mi teléfono sonó. Miré la pantalla y leí el nombre de Juan grabado en ella. Pensé en no contestar. Estaba tan cabreado en ese momento. Pero no servía de nada evitar hablar con él ahora.
—¿Aló? —Mi voz era fría. No tenía paciencia para sus lamentaciones.
—No sé cómo empezar. Estaba cuidándola...
—¿A quién?
—Oh, mierda... Esperaba que estuviera contigo. La busqué todo el día.
—¿Buscaste a Livy y no pensaste en comunicar que podría estar desaparecida?
—Lo siento..