—¿Cómo te sientes?— preguntó Henry, rompiendo el hechizo. Conteniendo un suspiro, se enderezó y se puso de pie.
—Estoy bien. ¿Cuánto tiempo estuve dormida?—, preguntó a falta de algo mejor que decir. Aún sentía el calor de su mano en la cintura y no quería obsesionarse.
—Poco más de una hora. En realidad no me fijé en la hora—, dijo él mientras se movía y se sentaba a su lado. Su mano seguía en su cintura, haciéndola sentir rodeada por él.
—Oh.— Por alguna razón, se sintió herida. Quizá era el