Lilly frunció el ceño en secreto ante la felicidad de Fátima, observando cómo abrazaba a Mateo como si fuera su querida vida. Su sonrisa era grande, la alegría evidente en sus ojos brillantes mientras Mateo le devolvía el abrazo. Estaba realmente feliz por ella, Lilly lo sabía, y de repente más odio hacia ellos la consumió. Su sonrisa fue inmediata cuando Fátima la miró. Era forzada, pero al hacerlo tantas veces, Lilly había dominado el arte de hacer que pareciera real.
—¡Felicidades, chic