Después de hablar con Fátima ese día, Kiara volvió a casa de Martiniano. Cuando estaba a punto de abrir la puerta de la casa, sonó su teléfono.
Se lo acercó a la oreja y contestó. Hola, casualmente, ya que no sabía de quién se trataba.
—Hola, señorita Morrison, soy Mateo Felix—, llegó la respuesta, y Kiara sintió que el corazón se le aceleraba de repente.
—Hola—, no pudo resistir el tartamudeo. No se esperaba la llamada.
—¿Estás bien?—, preguntó tras una pausa.
—Estoy bien. Gracias por pregunta