Antes de que Kiara pudiera formular una respuesta, mil pensamientos flotaron en su cabeza, pero había uno que le rechinaba en el cerebro. ¿Por qué la llamaba? Hacía años que no la llamaba.
Aclarándose la garganta, también se preguntó cómo se dirigiría a él: ¿Papá o Paulo?
—Sí... hola—, dijo en su lugar, no queriendo hacer la conversación más incómoda de lo que era... de lo que iba a ser.
Hubo una pequeña pausa y en ese momento Kiara se encontró mordiéndose las uñas. No se había dado cuen