Era inesperado oír a alguien en el árido pasillo. Mucho menos oír su nombre. Henry no pudo evitar dar un pequeño respingo antes de mirar a su alrededor en busca de la fuente. La encontró de inmediato, una mujer asiática menuda con un traje pulcro y zapatos de tacón. Llevaba el pelo negro recogido en un moño tan apretado que él mismo sintió punzadas en el nacimiento del pelo. Su rostro, de ojos negros almendrados, nariz pequeña y labios finos, carecía de toda expresión, sus ojos lo miraban sin v