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Cuanto más contestaba ella, más alarmado se sentía él. Pensar que había estado soportando este tipo de incomodidad ella sola, en su estado, era una maravilla que no hubiera caído enferma. Sabía lo agotador que era sentir los ojos, sobre todo si no sabían si eran benévolos o maliciosos. Las sombras bajo sus ojos se habían oscurecido considerablemente desde que habían llegado. Sólo habían pasado dos d&iac

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