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Paseándose en su habitación, Henry no podía creer su ansiedad. Había estado arraigado en su habitación desde que Helena se había marchado. Ella había holgazaneado en la cama cuando él, más o menos, había huido de su proposición, quedándose en el vestidor durante un tiempo desmesurado. Sólo después de que él se duchara, ella se fue a su habitación. Y de eso hacía ya una hora.<

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