La casa estaba en silencio. La mujer tenía las manos sobre el regazo, los dedos inquietos, los ojos moviéndose de un punto a otro como si buscara un recuerdo que se escapaba.
Era una calma frágil, sostenida por un hilo que podía romperse con una palabra mal dicha.
Amanda se movía inquieta frente a ella, esperando el momento adecuado. No había un modo amable de preguntar lo que necesitaba saber, pero no podía seguir con ese peso encima. No después de la reacción violenta que su madre había tenid