Ni siquiera podía pensar con total claridad.
El coche avanzaba por la avenida en silencio.
Eric iba al volante, con la mirada fija en el camino, pero la mente en otro sitio. El semáforo cambió a rojo y él ni siquiera lo notó hasta que el claxon de otro coche lo obligó a frenar. Respiró hondo y apoyó los dedos contra el volante, intentando calmar el impulso de dar media vuelta y buscarla.
¿Por qué era tan difícil decidirse? ¿No se supone que ya había dicho que no la buscaría?
Cyril tenía razón,