—¡Nuestros, Amanda! ¡Son nuestros!
—No serán nuestros si demuestro qué tan jodida tienes la mente y todo lo que planeaste. ¡Maldito! ¿Estás feliz ya? ¡¿Estás feliz?!
Evan se metió las manos en los bolsillos, caminando en círculos, Amanda se negaba a escuchar y él entendía que todo el panorama fuera en su contra… por sus mentiras, ella ya no le creía.
—Nunca planeé esto.
—Pero bien que ha resultado a tu favor.
—Te amo, Amanda.
—Pues qué jodida manera de hacerlo, Evan. Muy jodida. Nunca debí confiar en ti ¡y menos enamorarme! —se secó las lágrimas mientras los dedos le temblaban de nuevo, a tiendas localizó el asiento y volvió allí, respirando pesadamente—. Volviste, tenías claro que querías, volviste con una intención, destruirme. Pero no esperabas que ya eso lo había hecho alguien más. ¿Entonces qué? ¿Planeaste darme todo, reconstruir mi vida y luego derribarla de nuevo? ¿Es que ese era tu plan? ¡¿Qué te he hecho?! ¡¿Qué es lo que te he hecho?!
—¡Olvidarme! —gritó con el rostro bañado