Amanda miró la pantalla apagada un momento más, procesando las fechas, los sellos, la certeza fría de los documentos. La sala estaba en silencio, el aire acondicionado zumbando bajo. Eric seguía con su mano en la de ella, los dedos entrelazados como si temiera soltar.
—¿Por qué conservaste esas muestras? —preguntó ella al fin, la voz baja—. Todos esos años antes… ¿por qué?
Eric bajó la mirada a sus manos unidas. El rubor le subió al cuello, visible incluso en la luz neutra de la sala.
—Nunca es