Eric y Andrew estaban sentados en una mesa apartada del restaurante italiano que Eric frecuentaba cuando quería comer sin interrupciones.
El lugar tenía mesas de madera oscura, manteles blancos impecables y un servicio discreto que sabía cuándo desaparecer. Andrew cortaba su pasta con calma, contando sobre un rodaje reciente en Barcelona —algo sobre un director obsesivo y una escena que se repitió veinte veces—. Eric escuchaba a medias, el tenedor moviéndose lento en su ensalada, la mente en otr