Como había decidido, fue ese día a visitar a su madre. Ya la extrañaba.
No había esperado que el lugar fuera de ese modo, pero Eric parecía tener una habilidad para encontrar lugares tan hermosos.
Se respiraba mucha tranquilidad. Nada más llegar eso la hizo sentir cómoda, porque sabía que su madre estaba en buenas manos.
El jardín de la residencia estaba en calma, las personas que había allí se veían todas muy relajadas, a gusto con el entorno. Amanda caminó despacio por el sendero de grava, sus ojos miraban a todos lados, observando cada cosa de su entorno. El olor del ambiente era muy agradable. Respiró hondo el olor a flores y sonrió.
Su madre estaba sentada en uno de los bancos de madera, con una manta blanca sobre las piernas y las manos cruzadas sobre el regazo. Tenía la mirada perdida en los rosales, pero cuando Amanda se acercó, algo en su expresión cambió. Fue reconocimiento.
Reconoció de inmediato a su hija.
La enfermera permanecía a unos metros, fingiendo ordenar unas