Amanda encendió la televisión nueva mientras sostenía la taza de té caliente entre las manos. Aún llevaba el cabello revuelto y caminaba descalza por el suelo tibio de su casa recién estrenada.
La sensación era extraña. El silencio era amplio, limpio, diferente al ruido constante de la casa de Eric. Esta casa tenía ese aire de comienzo, de cambio, de algo que podía construir desde cero.
Se acomodó en el sofá y miró a su alrededor. Todo estaba nuevo: las cortinas recién colgadas, las cajas vacía