Amanda sintió que el corazón se le aceleraba. Una foto. Prueba real.
—Vamos en mi coche —dijo—. Aquí no.
Ella dejó la cesta con las cosas y solo tomó las bolsas de lo que ya había comprado.
Tommy la miró con desconfianza sin saber qué rayos planeaba.
Salieron de la tienda. Tommy los seguía de cerca. En el estacionamiento, mientras Abel caminaba delante, Amanda se acercó al guardaespaldas y susurró:
—Tiene una foto en el bolsillo de la chaqueta. Quítasela.
Tommy asintió sin cambiar expresión.
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