Amanda caminaba por el pasillo de la tienda departamental con una bolsa en una mano y el brazo de Tommy cerca, pero no demasiado. El aire acondicionado era fresco, el bullicio de las cajas registradoras un ruido blanco agradable.
Había salido sin avisar demasiado; Eric estaba en una reunión importante y, por primera vez en semanas, no había puesto peros. “Ve, amor, pero lleva a Tommy”, había dicho por teléfono, y ella sintió un pequeño triunfo. Necesitaba esto: autonomía, aire distinto al de la