Amanda estaba de pie junto al coche, el viento de la carretera azotando su cabello y secando las lágrimas que no podía contener. El sobre con la carta seguía apretado contra su pecho, como si fuera lo único que la anclaba a la realidad.
—Me has mentido —repitió ella, la voz temblorosa pero firme, señalándolo con el dedo—. Y esto te lo preguntaré una… ¡una última vez! ¡¿Evan Cross está con vida?!
Eric se detuvo a unos metros, las manos en los bolsillos de la chaqueta, el rostro pálido bajo la luz menguante del sol. Inspiró hondo, como si estuviera midiendo cada palabra antes de soltarla.
—No —dijo al fin, con una calma que sonaba forzada—. Evan murió. Te lo dije desde el principio. Abel está jugando contigo, Amanda. Usa nombres del pasado para desestabilizarte, para que corras tras fantasmas. Es su manera de vengarse porque su irá a la cárcel por lo que te hizo y yo me aseguraré de eso. Pero no caigas en sus pataletas de ahogado.
Ella negó con la cabeza, las lágrimas cayendo ahora sin