Abel llegó a la casa de su madre con una ligereza que no sentía desde hacía semanas. Emocionado por contarle todo lo que había sucedido al encontrarse con Eric Sanders. Carmen estaba sentada en el comedor, con una manta sobre los hombros y la televisión encendida sin sonido, mirando un punto fijo que no era la pantalla. Al verlo entrar, su expresión cambió. Mostró una leve sonrisa al ver a su hijo.
Quizás traía buenas noticias para ella, las cosas habían estado un poco complicadas con toda la situación del juez.
—¿Y bien? —preguntó ella, antes incluso de que él dejara las llaves sobre la mesa.
Abel sonrió. Una sonrisa amplia, satisfecha, sin el nervio de otros días. Se acercó y dejó un beso rápido en la mejilla de su madre, como si nada de lo que estuviera ocurriendo fuera grave.
—Está acorralado, lo encontré en mi casa, ¿puedes creerlo? Y, desde luego, todo llegó con una claridad absoluta. ¡Él siempre lo ha sabido! Evan Cross regresó aquí por una razón, la que no lo sabe es Amanda y