Edgar intentó alcanzar a Catalina. La abrazó con fuerza por la espalda para que su esposa no se marchara.
«No vuelvas a huir, podrías poner en peligro a los gemelos. Tampoco quiero que te caigas», dijo Edgar.
«¡Edgar! A tu abuelo no le gusto. No me digas que tu abuelo ya te ha buscado una pareja», dijo Catalina entre lágrimas.
Edgar le secó las lágrimas a Catalina con delicadeza, tratando de tranquilizarla. También la llevaría de vuelta al interior para pedirle explicaciones a su abuelo.
«Cariñ