Edgar decidió salir a medianoche. A esas horas, sus padres seguramente estarían durmiendo, y él intentaría encontrar la habitación de su esposa. Si ella necesitaba cuidados intensivos, lo más probable era que Catalina estuviera en la UCI.
Edgar miró de reojo a Gavi, que seguía montando guardia frente a la puerta.
—Gavi, será mejor que te quedes fuera de la puerta. Me molesta verte—, ordenó Edgar.
—Señor, ¿no pensará en escaparse de esta habitación, verdad? —preguntó Gavi con recelo.
—¡No es asu