La chica que cuidaba mi bebé llegó antes del atardecer y con mi bebé en brazos, mientras se dormía cálidamente sin saber nada de lo que me sucedía, sin tener conciencia del dolor por el que yo estaba atravesando. Lloré amargamente hasta que, después de mucho rato, la puerta sonó un par de veces con golpes de nudillos que anhelé fueran lo que estaba esperando.
Entonces, cuando abrí la puerta, ahí estaba Samuel. El hombre, sin decir una sola palabra más, se abalanzó hacia mí y me abrazó, porque s