Con dificultad, debido a mi pataleta, los hombres me llevaron a la parte interna del supuesto almacén. Parecía una tienda, pude ver maniquíes y ropa regada por todas partes, pero estaba cerrada. Las cortinas de metal impedían la entrada de la luz y todo adentro parecía bastante oscuro, hasta que, después de un sonoro clic, las luces se encendieron.
Les tomó un buen rato tomar una decisión de si encerrarme en el fondo del almacén o amarrarme a una silla. Al final optaron por amarrarme a una sill