Pude escuchar cómo se acercó el misil. Pude escucharlo rompiendo el aire. Así que pude ver en cámara lenta cómo cortaba la distancia que nos separaba con la casa, entrando por una de las ventanas y explotando todo en el interior en una llamarada violenta y enorme, de un fuego tan rojo como la sangre, que disparó las ventanas en millones de fragmentos que golpearon nuestros cuerpos.
La onda explosiva nos lanzó de bruces al suelo con una fuerza incuestionable que nos golpeó como fuertes puños de