El bosque estaba envuelto en la penumbra de la lluvia persistente, donde cada gota formaba un telón de plata que envolvía los árboles altos y frondosos. La mujer, con su corazón latiendo con desesperación, corría entre los troncos mojados, sus pasos resonando en la humedad del suelo.
La lluvia caía con intensidad, como agujas frías que perforaban la piel. Su ropa empapada se adhería a su cuerpo, y el viento susurraba entre las hojas, llevando consigo el lamento de la tormenta. La mujer avanzaba