MOLLY DAVIS
El auto se paseaba entre boutiques y algunos establecimientos elegantes, observaba las calles con atención mientras me embargaban las ganas de simplemente salir corriendo y pedir ayuda, pero sabía que no llegaría muy lejos y de seguro terminaría en el cuarto de torturas. Entonces el auto se detuvo frente a un hotel, pero no cualquiera, uno que parecía un palacio y que sabía que pasar la noche ahí salía un ojo de la cara.
—Observa bien, pedazo de tontita —siseó Nadia a mis espaldas,