MOLLY DAVIS
—¡Perfecto! Las cosas se empiezan a acomodar para nosotros, ¿no crees, hijo? —dijo el señor Makarov lleno de alegría, dándole una palmada en la espalda a Alexei mientras él no podía dejar de verme con reproche, como si hubiera arruinado todo—. Hablaré con mi abogado para que agilice los trámites.
De esa manera el asqueroso señor Makarov abandonó la habitación dejándonos solos con un silencio que parecía cortar el aire.
En cuanto yo bajé la mirada, él explotó.
—¡¿Qué mierda fue eso