ALEXEI MAKAROV
No supe cómo fue que me acomodé, pero por primera vez mientras dormía, la espalda me dolió de manera espantosa. Entonces abrí los ojos y me di cuenta de que estaba a punto de amanecer.
Intenté levantarme cuando un peso inusual sobre mi antebrazo me hizo detenerme. Tenía la cabeza de esa niña sobre él, sus cabellos parecían abrazarlo. Respiraba acompasadamente, parecía en calma, sin pesadillas.
Me incliné sobre ella para ver su rostro más de cerca. Tenía una piel tersa, unas cej