LUCIEN BLACKWELL
«Querida Anna:
Ha pasado un año más desde tu muerte y pensé que sería como otras tantas, incluso esperaba que, al no haberlo hecho con mis propias manos, pudiera olvidarte más fácil, pero sigues ahí, atormentándome, siguiéndome en mis sueños.
Te veo al despertar, como la niña que me escondía mis juguetes, escucho tus risas divertidas y veo tus ojos turquesa detrás de cada esquina. Otras veces eres la mujer de la que me enamoré, asomada al balcón, disfrutando de la puesta de s