LUCIEN BLACKWELL
—Bájame… puedo caminar —susurró Camille en cuanto supo mis intenciones de regresar al interior del hospital.
—Que puedas caminar no significa que sea seguro para ti o para el bebé —contesté con los dientes apretados mientras ella se retorcía suavemente entre mis brazos. No tenía fuerzas para pelear, pero hizo su mejor intento—. Quédate quieta.
—¿Ahora si te preocupa el bebé? Pensé que perderlo era una buena opción para ti —refunfuñó. Cuando bajé la mirada pude notar que se se