Una guerra de miradas se desata entre ellos dos, donde ninguno da su brazo a torcer.
—No volveré a decírtelo, Humana. Cómete el desayuno —le ordena con un tono intimidante.
—No tengo apetito...
Alexa no termina de hablar porque él la jala por la muñeca, coloca la bandeja en la cama y a ella se la sienta sobre su regazo.
—Dos días seguidos en los que aludes que "no tienes apetito". Sabes que debes cuidarte con esmero, debido a que ustedes los humanos son muy frágiles y suelen enfermarse. ¿Qué pa