En el cuarto del café y los bocadillos del alfa, que es semejante a una cocina elegante, Otsana mira a la joven mujer, quien le explica todo lo concerniente a sus tareas con tono poco amigable.
—¿Entiendes? —pregunta la chica, sacando a Otsana de su ensoñación.
—Ah... —balbucea ida—. ¡Claro! Muchas gracias por la explicación —finge haber prestado atención.
—Es mi trabajo. —Hace una mueca—. Me pregunto por qué el alfa me quitó mis labores a mí para dártelas a ti —refunfuña.
Otsana agranda los oj