El perfume amaderado le inunda las fosas nasales, entonces ella sonríe por inercia ante el delicioso aroma.
No solo es el olor de su compañero lo que la hace tan feliz, también es el hecho de sentirse segura con su calor, ese que emana de su cuerpo peludo.
«Su pelaje es tan suave...», piensa y vuelve a sonreír.
Sus ojos se abren con lentitud y, a medida en que recupera el conocimiento, la sensación de seguridad se va desvaneciendo hasta que se siente sola y desamparada.
—Alfa Tron... —balbucea