Con una sonrisa victoriosa, Claudio escolta a Otsana a su oficina junto a Arel, Riú, su beta Eunicio y algunos jefes de guerreros.
—El plan no es complicado, pero sí arriesgado —explica Claudio—. Iremos solo un grupo de guerreros y verificaremos la entrada, luego nos esconderemos en la manada enemiga para poder hablar con los esclavos de Rayo dorado a los que tengamos acceso.
—Entiendo —responde Riú, con la misma expresión de siempre: misteriosa, sin emoción y escéptica—. Me imagino que idearem