La brisa fresca le levanta las hembras negras y largas, pero él ignora el jugueteo del viento con su cabello y se enfoca en el hermoso paisaje que lo rodea.
Las rosas silvestres emanan un perfume exquisito, uno que lo hace olfatear y salivar de forma excesiva. Ese aroma lo envuelve y lo aprisiona de una manera fascinante y placentera.
—Pequeña loba... —musita él mientras la busca con la mirada—. ¿Dónde estás?
Antes de que la angustia se apodere de su pecho, ella aparece frente a él. Su sonrisa