Sabía lo que iba a pasar. Su sonrisa pícara me lo decía y yo, no podía contenerme. Era como si caminara hacia el fuego y no tenía miedo de quemarme. Porque, yo era gasolina, una que avivaba el fuego de los dos.
— Mi querida esposa, ¿desea ser atendida especialmente por su esposo o quiere huir del placer? — pregunta sonriente.
— Yo no estoy huyendo. Nunca lo he hecho. Es solo que, era bueno esperar. Estábamos heridos y necesitábamos estar bien para dar el paso. Incluso ahora lo sigo dudando. Fuis