Los conductores, al ver que se acercaban a ellos con tanta rapidez, aceleraron para alejarlos lo más que pudieran. Augustus Delacroix, al ver el intento de huida, ordenaba a sus contactos que custodiaran las rutas de escape que podría tomar, para tener todo controlado.
Mientras él estaba en la persecución, Augustus, su nieto, iba camino a la sala de vigilancia de París, para ver con sus propios ojos, la persecución que debía terminar pronto y a su favor o estaría en graves problemas.
— M*****a m