Lena se quedó en el cuarto de hospital.
—No me pasó la gran cosa —aseguró.
—No hay nada mejor como descartar cualquier problema.
«O pagar una fortuna solo por hacerme dormir aquí», Lena negó con la cabeza.
Minutos más tarde pidió ducharse. El agua caliente le quemó la piel. No se movió. Dejó que el vapor le nublara la vista.
Se puso la bata. La tela áspera le rozó los moretones. Bien, ya comenzaba a sentir los músculos tensos y doloridos por el accidente.
Se recostó en la cama. La escena se rep