Durante los siguientes tres meses, la sobriedad del departamento se rindió ante una marea de color azul. Por doquier aparecieron diminutas playeras de algodón, mamelucos con estampados de osos y pequeños juguetes de felpa listos para estrenar en las repisas de la estancia.
El vientre de Lena creció a un ritmo acelerado hasta lucir un volumen hermoso y prominente, mientras sus ojos adquirían un brillo cada día más intenso y maternal.
—Ya falta muy poco para conocerlo —murmuraba ella cada noche,